El lunes 14 de septiembre, los líderes nacionalistas de Escocia, Gales e Irlanda del Norte protagonizaron una cumbre en Cardiff, donde firmaron un memorando conjunto que reclamó el “derecho a la autodeterminación” de sus naciones y cuestionó la autoridad de Westminster sobre el futuro constitucional de los tres territorios. El documento fue realizado por Jhon Swinney (líder del partido nacional Escocés), Rhun ap Iorwerth (líder del partido nacionalista Plaid Cymru) y Michelle O’Neill (primera ministra norirlandesa).
El memorando no fijó una estrategia conjunta para abandonar el Reino Unido ni estableció un calendario de referendos, y sus firmantes reconocieron posturas constitucionales distintas entre los tres territorios. Aun así, el texto afirmó que “el tiempo de Westminster llega a su fin” y planteó como alternativa un modelo de cooperación entre naciones que se relacionarán en pie de igualdad.
La cumbre coincidió con declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump, quien durante una visita a Irlanda expresó su respaldo a una eventual reunificación irlandesa, aunque evitó pronunciarse sobre la independencia escocesa. El primer ministro irlandés, Micheál Martin, apoyó la unidad como idea pero consideró que en ese momento no existían condiciones para que una consulta prosperara.
El gobierno británico, encabezado por el recientemente apuntado Andy Burnham, restó relevancia al encuentro y remarcó que su prioridad continuaba siendo reducir el costo de vida antes de discusiones constitucionales. Analistas como Alejandro Laurnagaray relativizan el alcance de la alianza recordando el referéndum de 2014, donde los escoceses rechazaron la independencia por un 55% frente a un 45%, el respaldo a la reunificación norirlandesa no superó el 35%, y el apoyo a un nuevo referéndum dentro del Parlamento británico se ubicó por debajo del 10%.
Federico Merke de la Universidad de San Andrés e Iñaki Martínez Soria de King 's College señalaron limitaciones en la capacidad naval operativa británica y tensiones crecientes con Washington por la política hacia Medio Oriente y el gasto militar. A esas dificultades se sumaron los costos económicos del Brexit y discusiones pendientes sobre otros territorios de ultramar.
Para el historiador Cristian Di Renzo, de la Universidad Nacional de Mar de Plata, la posibilidad de una ruptura del Reino Unido resultó real, aunque no inminente, y Escocia apareció como el territorio con mayores chances de avanzar en el corto plazo. El especialista advirtió que una eventual fragmentación obligaría a trasladar la base de submarinos nucleares británico fuera de Escocia y dejaría a la monarquía de Carlos III al frente de un territorio más reducido.
Que el conocimiento no se extinga.