El primer ministro británico Keir Starmer enfrenta la mayor crisis de su gobierno tras el desplome del Partido Laborista en las elecciones locales y regionales del 7 de mayo en Inglaterra, Gales y Escocia. En menos de dos semanas, la derrota electoral desencadenó una rebelión interna con renuncias en cadena dentro del gabinete y un creciente número de legisladores exigiendo su salida de Downing Street.
Los resultados electorales marcaron un punto de inflexión para el laborismo. El partido vio caer su porcentaje estimado de voto al 15%, veinte puntos por debajo de su desempeño en las elecciones generales de 2024. En Gales, perdió su predominio frente al partido nacionalista Plaid Cymru por primera vez desde 1999. Simultáneamente, Reform UK, el partido antiinmigración liderado por Nigel Farage, avanzó con fuerza en los concejos municipales ingleses como principal referente de la derecha británica, mientras el laborismo perdía casi 1500 concejales. Aunque Starmer calificó los resultados como dolorosos y asumió responsabilidad, descartó abandonar el cargo.
La respuesta interna no tardó. En los días siguientes, cuatro subsecretarios de Estado renunciaron reclamando una transición ordenada en el liderazgo. El número de miembros del Parlamento (MPs) laboristas que exigen la dimisión del primer ministro o un calendario de salida escaló hasta 90 entre los distintos parlamentos del Reino Unido. El golpe más contundente llegó el 14 de mayo cuando el secretario de Salud, Wes Streeting, abandonó el gabinete convirtiéndose en el primer miembro de alto rango del Ejecutivo en dimitir desde el inicio de la crisis. En su carta, Streeting afirmó haber perdido la confianza en el liderazgo de Starmer y sostuvo que era evidente que el primer ministro no conduciría al partido en las próximas elecciones generales de 2029.
La dimisión de Streeting abrió formalmente la carrera por la sucesión. El 16 de mayo, en un evento del grupo Progress en Londres, confirmó que se postulará para reemplazar a Starmer. Por otro lado, el alcalde de Mánchester, Andy Burnham, quien no cuenta con escaño parlamentario, buscará presentarse en la elección especial de Makerfield prevista para el 18 de junio, condición indispensable para competir por el liderazgo. La ex viceprimer ministra Angela Rayner también figura entre los aspirantes. Para forzar la contienda, cualquier candidato necesita el respaldo de al menos 81 MPs laboristas.
Pese a la presión, Starmer insistió en continuar al frente del Gobierno y advirtió que un cambio de liderazgo devolvería al país al caos político. La incertidumbre en Westminster ya impactó en los mercados financieros, pues la libra esterlina acumuló una caída del 1,3% frente al dólar en una semana, mientras que los costos de endeudamiento del gobierno subieron ante la preocupación de los inversores por el desorden político.
El desenlace dependerá de si la oposición interna logra consolidar un candidato y forzar la votación, o si el Gobierno consigue retomar el control en medio de una fractura que amenaza con prolongarse hasta los comicios de 2029.
Que el conocimiento no se extinga.