Las fuerzas armadas del movimiento Ansar Allah impusieron un embargo marítimo total contra los barcos comerciales de Arabia Saudita en la zona del estrecho de Bab el-Mandeb. El ataque a infraestructuras petroleras y cargueros provocó una disrupción severa en el comercio internacional de hidrocarburos, lo que afectó el abastecimiento global de energía. La milicia actuó en respuesta a las presiones internacionales, reavivando un conflicto armado que impacta sobre toda la península arábiga.
La agrupación rebelde hutí atacó instalaciones estratégicas de suministro de crudo conectadas al puerto saudita de Yanbu. El comando militar también impactó con misiles a los buques petroleros de bandera saudita, identificados como Encelia y Layla, mientras transitaban por el mar Rojo. Esta maniobra hostil conforma una respuesta directa al bombardeo reciente sobre el aeropuerto internacional de Saná. La coalición aliada al gobierno yemení ejecutó el ataque aéreo para impedir el aterrizaje de vuelos extranjeros no autorizados que transportaban equipamiento militar.
El cerco marítimo coincidió con el bloqueo vigente en el estrecho de Ormuz, estableciendo un obstáculo doble para la exportación de petróleo. Arabia Saudita utilizaba el puerto de Yanbu como vía de escape, pero los bombardeos rebeldes anularon esta ruta logística fundamental. Las navieras internacionales desvían el tránsito comercial hacia el Cabo de Buena Esperanza. El desvío prolonga los tiempos de navegación y multiplica los costos de transporte operativo.
Como consecuencia directa de las agresiones navales, el precio del crudo Brent superó los 100 dólares por barril en los mercados internacionales. La reducción del suministro presiona fuertemente a las economías asiáticas. Naciones como Japón, Corea del Sur y Filipinas enfrentan complicaciones presupuestarias urgentes, dado que importan desde el Medio Oriente casi la totalidad de la energía que consumen a diario.
El gobierno yemení con reconocimiento internacional actuó para mitigar los daños económicos de la guerra. El presidente del Consejo de Liderazgo Presidencial, Rashad al-Alimi, anunció la reanudación de las exportaciones petroleras estatales a partir del veinte de julio. El mandatario busca recuperar los ingresos nacionales para abonar los salarios de la administración pública: “El tiempo de poner fin al sufrimiento causado por la milicia terrorista hutí ha llegado”.
El primer ministro y ministro de Asuntos Exteriores de Yemen, Shaya Mohsin Zindani, coordina acciones diplomáticas con las autoridades de los países vecinos para restablecer la seguridad plena en las vías navegables. La Organización de las Naciones Unidas despliega esfuerzos urgentes para contener la violencia regional. El enviado especial de las Naciones Unidas para Yemen, Hans Grundberg, visitó las ciudades de Riad y Mascate para exigir el fin de las hostilidades y el retorno al diálogo pacífico. El diplomático solicitó a las partes beligerantes que aíslen la disputa territorial yemení de las tensiones geopolíticas que afectan a todo el continente.
En paralelo a la emergencia energética, los representantes de la diplomacia regional abordan otras crisis derivadas del colapso institucional. El ministro de Asuntos Exteriores de Egipto, Badr Abdelatty, negocia con su par yemení la liberación inmediata de un grupo de marineros egipcios secuestrados frente a la costa de Somalia a bordo de una embarcación comercial.
Que el conocimiento no se extinga.