En el marco de las metas globales de descarbonización y de la lucha contra el cambio climático, la sustitución absoluta de los hidrocarburos fósiles enfrenta complejos desafíos de viabilidad técnica y logística.
La investigación tecnológica desarrollada en Suiza propone el uso de combustibles sintéticos llamados «drop-in» para reducir drásticamente las emisiones contaminantes en motores de combustión tradicional sin necesidad de modificar la infraestructura existente, ofreciendo un puente estratégico para la transición energética en sectores de difícil electrificación.
A pesar del constante crecimiento de las fuentes renovables y la electrificación del transporte ligero, millones de motores de combustión interna en sectores como el transporte pesado, la aviación y la maquinaria industrial continuarán operando durante las próximas décadas.
Ante esta realidad, la investigación científica suiza comenzó a articular un enfoque pragmático orientado a mitigar el impacto ambiental de estas tecnologías sin comprometer su operatividad ni requerir la sustitución masiva de la infraestructura actual.
En el centro de esta iniciativa está el trabajo desarrollado en los laboratorios federales suizos de Ciencia y Tecnología de Materiales (Empa): la ingeniería química Alessia Cesarini lideró el diseño de una alternativa tecnológica enfocada en la fabricación de combustible sintético de tipo «drop-in».
Este insumo está formulado para presentar una compatibilidad total con los vehículos, máquinas e infraestructura de almacenamiento y distribución comercial ya instalados en el mercado, permitiendo una transición inmediata hacia fuentes de energía de menores emisiones sin la necesidad de alterar los motores existentes.
El proceso de producción ideado en la Empa se basa en la técnica química de la oligomerización. La cadena de síntesis inicia con la captura de dióxido de carbono (CO2), directamente desde la atmósfera o la biosfera, el cual es transformado primeramente en alcoholes tales como metanol o etanol.
Posteriormente, estos compuestos atraviesan un proceso de deshidratación para generar gases de etileno y propileno, mediante la intervención de un catalizador energéticamente eficiente. Dichos gases son recombinados en cadenas complejas de hidrocarburos líquidos. Este producto final alcanza propiedades químicas equivalentes a las de la gasolina comercial sin plomo, destacado por un índice de octano de investigación (RON) de 95.
Las estimaciones preliminares de la Empa señalan que la utilización de este combustible sintético podría traducirse en una reducción de entre el 90% y el 95% de las emisiones netas de gases de efecto invernadero en comparación con los carburantes de origen fósil tradicional.
En su fase inicial de escalamiento industrial, las pruebas operativas se enfocarán en sectores controlados como la silvicultura y la maquinaria pesada, planificando su posterior aplicación en nichos más amplios como la aviación comercial.
Esta innovación científica cobra especial relevancia al analizar el contexto energético suizo: al carecer de yacimientos propios de petróleo y gas natural, el país depende en su totalidad de las cadenas internacionales de importación para abastecer su demanda interna de combustibles fósiles, lo que expone su economía a la volatilidad de los mercados globales y a las dinámicas geopolíticas. Al mismo tiempo, el sector financiero e industrial suizo enfrenta una creciente presión internacional por reducir su huella de carbono global.
La propuesta de combustibles sintéticos desarrollada en la Empa se alinea con la expansión global de los e-fuels, un sector que registra más de un centenar de proyectos a escala industrial en cerca de 30 países. Con estos avances, Suiza busca consolidar su posición como referente en la investigación científica y la innovación aplicada para la transición hacia una economía de bajas emisiones.
Que el conocimiento no se extinga.