Las confrontaciones entre Donald Trump y León XIV comenzaron a agudizarse desde fines de marzo y los primeros días de abril, cuando el sumo pontífice criticó la retórica bélica de la política exterior estadounidense, incluyendo la intervención militar estadounidense y la guerra contra Irán. El Papa León XIV, que es conocido por sus mensajes de paz, juzgó las medidas que tomó Trump a través de un discurso firme y crítico del conflicto, reprendiendo a aquellos líderes mundiales que utilizan el lenguaje religioso para justificar la guerra.
Todo comenzó cuando Donald Trump, al recibir la crítica de León XI, cuestionó su entendimiento del cristianismo, afirmando que “le está haciendo un daño a la iglesia católica”. También lo llamó “débil” en materia de delincuencia y “pésimo” en política exterior. Por otra parte, el vicepresidente estadounidense, J.D. Vance, sugirió que el Papa debería limitarse a los asuntos de moralidad y que tenga cuidado al hablar de teología. La respuesta del Papa fue contundente, afirmando de no temerle a Donald Trump y que no siente la necesidad de entrar en un debate porque no es político. Solo le basta hablar del evangelio, cumpliendo con su deber, tal como lo dijo en su discurso durante su visita en Argel, Argelia, durante su primera etapa del viaje apostólico por África, el pasado 13 de abril.
La tensión se intensificó cuando Donald Trump subió a sus redes sociales una imagen realizada con inteligencia artificial, en la que aparece representado como una figura de Jesucristo realizando un milagro, generando una polémica apuntada a la Iglesia Católica. Luego, esta publicación fue eliminada y justificó: “No quería generar una blasfemia, sino que quería mostrar una representación de un enfermero de la cruz roja curando a un enfermo, siendo este una representación de la humanidad”. Esto causó indignación en los creyentes católicos, lo que generó una pérdida de votantes católicos y conservadores dentro del Partido Republicano. Esto no fue solamente por la imagen, sino también por la confrontación con el Papa León XIV y la guerra en Irán.
El Papa León XIV, durante su viaje a Camerún del jueves 16 de abril, aseguró que llegó a África como mensajero de paz, alzando su voz contra la guerra, tratando de fomentar el diálogo y la paz entre las naciones, mediante el multilateralismo entre los estados para buscar soluciones a los problemas. Nuevamente, Trump criticó al Papa, invitándolo a ver al mundo de una forma real, manifestándose en contra al afirmar que Irán debe tener su armamento nuclear y señaló: “No entiende nada sobre la amenaza nuclear de Irán y no debería estar hablando de guerra” y ante los periodistas en la Casa Blanca reconoció “no ser fan del Papa León XIV”.
Otros mandatarios intervinieron en este conflicto, como la primera ministra italiana, Georgia Meloni, quién calificó los dichos de Trump como inaceptables, haciendo saber que el Papa es una prioridad para el gobierno italiano. Por esto, Meloni tomó la decisión de retirar el apoyo militar de Italia a Estados Unidos en Irán y a reabrir el Estrecho de Ormuz. Además, el presidente iraní intervino respaldando su apoyo al Papa, luego de que León XIV califica como “inaceptable” la amenaza de Trump de destruir la civilización iraní si no cumplía el ultimátum por el estrecho de Ormuz. Sorprendentemente, el vicepresidente de Estados Unidos, J.D. Vance, se terminó disculpando sobre los dichos de su presidente, calificándolo como “ataques mediáticos injustos” y respaldó la autoridad moral del Papa. Los mandatarios latinoamericanos también apoyaron al Papa: el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quién respaldó la visión de paz del Papa, como contrapunto a la “mano dura” de Trump en el Medio Oriente. Lo mismo hizo el presidente de Brasil, Lula da Silva, quién tuvo una solidaridad directa con el Papa, luego de que Trump lo haya llamado “débil” e “incompetente” en política exterior. Mientras tanto, el presidente de Argentina, Javier Milei, mantuvo una neutralidad silenciosa, aunque ideológicamente hay una sintonía con Trump. El peso de la iglesia en el país le impide hacer una crítica directa al Papa, limitándose a dialogar.
Nunca hubo una confrontación entre un mandatario estadounidense y un Papa, ni siquiera en 2003 entre George W. Bush y Juan Pablo II, quién le pidió al ex presidente estadounidense que lleve a la paz y cese al fuego en la guerra de Iraq. Es evidente que estos conflictos no se resuelven únicamente en el terreno político, sino en la capacidad del sistema internacional en integrar la moral y el poder sin que una parte anula a otra. Cuando ese equilibrio se rompe, el diálogo se vuelve frágil y el conflicto inevitable. En este conflicto, la guerra en Irán actúa como catalizador, dejando al descubierto los límites de la diplomacia tradicional cuando los valores y los intereses entran en conflicto. La Santa Sede busca influir desde la autoridad ética y Estados Unidos opera desde su capacidad de poder material.
Que el conocimiento no se extinga.