Desde el 28 de diciembre, Irán está viviendo continuas protestas en todo el Estado, que crecen en intensidad y extensión geográfica. La fuerte crisis económica fue el detonante, pero las diferencias sociales y religiosas actuaron como motor para que amplios sectores de la sociedad salieran a las calles, en muchos casos de forma violenta.
Con la caída del rial, la moneda iraní, y el aumento de precios en alimentos y combustibles, la situación se volvió insostenible. Las manifestaciones fueron aumentando su intensidad y sus reclamos, y los ciudadanos comenzaron a cuestionar abiertamente el sistema político y religioso que gobierna el país desde hace más de cuatro décadas.
El régimen respondió a las manifestaciones de manera severa. Organismos internacionales y los propios iraníes denuncian cientos de muertos, miles de detenidos y ejecuciones vinculadas directamente a las protestas. Mientras tanto, el gobierno restringe de forma drástica el acceso a información sobre lo que está sucediendo.
Al mismo tiempo, el gobierno anunció la implementación de juicios “exprés" para los detenidos: procesos judiciales sumarios que podrían derivar en condenas a muerte o ejecuciones públicas, lo que generó una fuerte condena internacional.
Según el último informe de la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), con sede en Estados Unidos, la cantidad de personas muertas en las protestas llega a 2.571. Entre los fallecidos se encuentran 2.403 manifestantes, 147 personas afiliadas al gobierno, 12 menores de 18 años y 9 civiles no manifestantes. La Organización No Gubernamental (ONG) Iran Human Rights (Derechos humanos de Irán) advierte que el número podría ascender. Según algunas estimaciones, podrían ser más de 6000 fallecidos y 10000 detenidos.
Mientras las protestas siguen, Donald Trump reapareció públicamente para defender a los ciudadanos iraníes. El presidente de los Estados Unidos expresó que, si las represiones continúan, Estados Unidos "está listo para ayudar", prometiendo “acciones enérgicas” ante la continuidad de las ejecuciones de civiles.
Como respuesta, el régimen iraní amenazó con atacar aliados e intereses estadounidenses en la región si dicha ayuda se concreta. De esta manera, una crisis inicialmente interna adquiere una dimensión internacional.
Las autoridades iraníes convocaron a contramanifestaciones en apoyo a la República Islámica: una gran cantidad de personas se congregaron el lunes 12 de enero en la Plaza Enghelab, ondeando la bandera nacional. Ante esto, el ayatolá Alí Jamenei declaró “Estas grandes concentraciones, rebosantes de determinación, han frustrado el complot de enemigos extranjeros, que iba a ser llevado a cabo por mercenarios nacionales”.
El ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, dijo “Irán no busca la guerra, pero está totalmente preparada”. Por su lado, el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, advirtió a Estados Unidos: "Verás cómo todos tus recursos en la región serán destruidos". Así, lo que comenzó como un estallido social y económico amenaza con escalar a un conflicto de alcance internacional.
Que el conocimiento no se extinga.