Diez países concentran dos tercios de la población que enfrenta inseguridad alimentaria aguda, según un informe difundido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). El estudio identifica a Afganistán, Bangladesh, República Democrática del Congo, Myanmar, Nigeria, Pakistán, Sudán del Sur, Sudán, Siria y Yemen como los principales focos de la crisis. En esos territorios se concentra la mayor parte de la población con dificultades severas para acceder a alimentos. Dentro de ese grupo, Sudán, Nigeria y R.D. del Congo reúnen una proporción significativa de los casos más críticos.
El informe atribuye el aumento del hambre principalmente a los conflictos armados; donde las guerras interrumpen la producción agrícola, dificultan la distribución de alimentos y provocan desplazamientos masivos. También se suman los fenómenos climáticos extremos. Sequías prolongadas e inundaciones afectan las cosechas y limitan la disponibilidad de alimentos y reducen las reservas.
El relevamiento también registra niveles extremos de inseguridad alimentaria: alrededor de 1,4 millones de personas atraviesan una situación catalogada como catastrófica, con riesgo inmediato para la vida. Además, confirma la presencia de hambruna en zonas específicas de Sudán y en la Franja de Gaza, un dato que marca un punto crítico dentro del análisis global.
El escenario se agrava por la reducción de la asistencia internacional. Los organismos humanitarios advierten que la falta de financiamiento limita la distribución de ayuda en los países más afectados. A la vez, el aumento de los costos de energía y fertilizantes encarece la producción agrícola y restringe la capacidad de respuesta de los sectores más vulnerables.
El informe señala que la cantidad de personas afectadas prácticamente se duplicó desde 2016, lo que demuestra que este crecimiento sostenido de la crisis alimentaria dejó de ser un fenómeno puntual y se instaló como un problema persistente en varias regiones del mundo.
Frente a este panorama, agencias internacionales impulsan medidas para fortalecer la producción local y mejorar el acceso a alimentos con iniciativas que se enfocan en pequeños productores y en sistemas agrícolas adaptados a condiciones climáticas adversas. La concentración del hambre en un número reducido de países revela conflictos prolongados, acompañados de sistemas productivos frágiles que sostienen una crisis sin resolución a corto plazo.
Que el conocimiento no se extinga.