La carrera para suceder a António Guterres al frente de las Naciones Unidas comenzó a reducirse a tres nombres. El viernes 21 de agosto, a puertas cerradas, la segunda votación informal del Consejo de Seguridad dejó la primera certeza sobre la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett, la costarricense Rebeca Grynspan y el argentino Rafael Grossi, quienes son los candidatos con mayores posibilidades de ocupar la Secretaría General a partir de 2027.
La consulta no constituye una elección formal, pero funciona como un termómetro insoslayable. Los 15 miembros del Consejo de Seguridad expresan si alientan, desalientan o no tienen opinión sobre cada postulación. En esta segunda ronda, el tablero se movió y Rodrigues-Birkett obtuvo ocho votos favorables, mientras que Grynspan y Grossi consiguieron siete.
Rodrigues-Birkett es, por ahora, quien mayor impulso tomó. La exministra de Relaciones Exteriores de Guyana y actual representante de su país ante la ONU había logrado nueve avales en la primera votación del 30 de julio. Ahora pasó a encabezar la carrera. Su perfil diplomático y su procedencia caribeña juegan a su favor en un escenario donde el equilibrio geográfico y político siempre pesa.
Grynspan, por su parte, llega a esta etapa con un antecedente de peso. La economista y ex vicepresidenta de Costa Rica, actual secretaria general de la UNCTAD, había sido la más votada en la primera ronda con diez apoyos. Su extensa trayectoria dentro del sistema multilateral es su principal capital político.
El tercer aspirante en carrera es Rafael Grossi. El diplomático argentino, actual director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), retuvo los siete respaldos que había conseguido en la primera ronda. Grossi cuenta a su favor con el peso de liderar una de las agencias más críticas de la ONU en un contexto global atravesado por conflictos, proliferación y tensiones nucleares.
Un elemento central del proceso es que, hasta el momento, ninguno de los candidatos fue formalmente bloqueado por las cinco potencias permanentes con poder de veto, que son Estados Unidos, Rusia, China, Francia y el Reino Unido. En estas votaciones informales, el voto no se identifica públicamente. La verdadera prueba de fuego llegará más adelante con las denominadas votaciones de color, la instancia en la que los miembros permanentes dejarán en evidencia si pretenden, o no, bajarle el pulgar a alguna candidatura.
Por fuera del pelotón de los tres principales quedó Michelle Bachelet, quien había asomado con fuerza al inicio del proceso. La ex presidenta de Chile obtuvo seis apoyos en la primera ronda, pero se desplomó a apenas dos en la segunda.
La elección, en definitiva, está lejos de definirse. Rodrigues-Birkett saca ventaja al liderar la segunda ronda, Grynspan conserva el antecedente de haber sido la más respaldada en la primera y Grossi se mantiene en el tridente con mayor apoyo. Pero ninguno logró, hasta ahora, el consenso necesario para despejar su camino. El próximo secretario general deberá asumir el 1 de enero de 2027. Hasta entonces, la incógnita central pasa por saber quién logrará transformar apoyos parciales en una candidatura robusta para poder ocupar el cargo.
Que el conocimiento no se extinga.