La violencia se surgió en la capital cuando oficiales militares de Guinea-Bissau anunciaron el miércoles 26 de noviembre que habían tomado el poder y “control total” del país. Con esto, suspendieron el proceso electoral vigente entre Umaro Sissoco Embalo -candidato por el oficialismo- y Fernando Dias da Costa -candidato por la oposición, asociado al Partido para la Renovación Social (PRS)- hasta ese momento y cerraron las fronteras.
Sentado a una mesa y rodeado de soldados armados el general Denis N’Canha -jefe de la Casa Militar de la Presidencia-, comunicó que el golpe de Estado fue “integrado por todas las ramas de las fuerzas armadas” y “hasta nuevo aviso”. Hasta el momento, no existe claridad sobre cuánto tiempo podrá extenderse esta transición ni sobre los objetivos finales del liderazgo militar.
Un soldado detiene un vehículo cerca del Palacio Presidencial de Bissau, donde se escucharon disparos.
La respuesta social fue inmediata y determinante, la gente huyó aterrorizada hacia lugares aledaños del país en búsqueda de seguridad. La presencia de soldados armados, provocaron temor a los ciudadanos.
El mandatario saliente, Umaro Sissoco Embaló, afirmó que, si bien no sufrió ningún ataque de violencia por parte de los soldados, fue detenido por los militares y acusó al general N’Tam de los hechos, con quien mantiene estrechos vínculos desde 2023.
Por el lado de la oposición, toman este acontecimiento y la relación entre el general y el expresidente como una medida sospechosa para impedir el avance del candidato opositor, Fernando Dias da Costa, actualmente escondido. Las señales posteriores intensificaron las dudas. El nombramiento de aliados de Embaló como primer ministro y como jefe del Estado Mayor mostraron una unión y compromiso entre ambas partes.
Esto fue interpretado como la consolidación de un entorno de poder cuidadosamente orquestado. Muchos observadores consideran este movimiento como la confirmación de que el golpe no surgió únicamente de tensiones militares, sino también de un entramado político que buscaba intervenir en el resultado electoral.
Sin bien las elecciones no pudieron concluir de la manera esperada, ambos candidatos se dan como ganadores. El proceso electoral quedó interrumpido y no hay garantías de que pueda retomarse pronto.
En este contexto, Guinea-Bissau se encuentra en un nuevo quiebre institucional, una historia ya repetida. Guinea-Bissau ha sido atravesada por golpes de Estado y momentos complicados, pero la realidad actual parecía ser diferente.
Sin embargo, lo sucedido vuelve a poner en duda cualquier avance político reciente y sitúa al país en un punto de máxima fragilidad. Es un contexto que nadie se esperaba y rompe el status quo social y político. El futuro inmediato sigue sin definirse y la población permanece a la expectativa ante un escenario que cambia minuto a minuto.
Que el conocimiento no se extinga.