En el orden internacional no existe tal cosa como las certezas, y esto se ve profundizado por la inevitable efimeridad de los acuerdos entre las grandes potencias. El pasado 5 de febrero expiró oficialmente el Tratado START III o Nuevo Start (Tratado de Reducción de Armas Estratégicas), el más reciente de la serie de acuerdos entre los Estados Unidos de América y la Federación de Rusia (hasta el START I de 1991, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) que limitaban el armamento nuclear de las potencias y su despliegue, buscando evitar profundizar la carrera armamentística. El fin del START III, firmado en 2010, y la urgencia de Washington por conversar una renovación no sólo con Moscú sino también con la China de Xi Jinping que Estados Unidos quiere incorporar al tratado, deja entrever los finos hilos que sostienen la relativa estabilidad entre los actores más poderosos del sistema internacional.
Este acuerdo limitaba el número de ojivas nucleares desplegadas por Washington y Moscú a 1.550 y establecía una transparencia en cuanto a la información y notificaciones. De esta manera, se mantenía controlado el riesgo de un conflicto nuclear y la carrera armamentística que caracterizó a la Guerra Fría. En comparación con el START I de 1991 representa un importante avance en la reducción del despliegue, dado que originalmente se limitaba a los firmantes a 6.000 ojivas.
Pero un nuevo actor aumentó notoriamente su arsenal nuclear en los últimos años y entra en la mira de Estados Unidos en forma de amenaza: China. Al momento de la firma del START III el armamento nuclear chino era relativamente pequeño, lo cual coincidía con su enfoque de disuasión de conflictos. Pero Estados Unidos denunció cómo el tratado que lo limita junto a Rusia, le da un importante margen de ventaja a la China de Xi para aumentar su arsenal de manera indiscriminada. No hay datos numéricos oficiales del armamento de destrucción masiva chino, pero se estima un crecimiento preocupante a pesar de seguir teniendo un poderío exponencialmente menor que Rusia y Estados Unidos, los dos países con mayor cantidad de armamento nuclear. El desfile militar realizado por China en septiembre de 2025 hizo llegar a occidente una alerta sobre su capacidad en conjunto con sus aliados de Rusia y Corea del Norte.
El Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, declaró despreocupado al New York Times: “Si caduca, caduca… simplemente haremos un acuerdo mejor”. Vladimir Putin, líder ruso, expresó su intención de actuar de manera “mesurada y responsable” ante la expiración del acuerdo; tema ante el cual otros funcionarios rusos como el ex-presidente Medvedev se mostraron más ansiosos. La ausencia de un documento que formalmente limite el despliegue nuclear de estas dos potencias, incluso con una Federación Rusa debilitada en muchos aspectos y con un desgaste importante debido a la guerra en Ucrania, da lugar a la mayor probabilidad de desarrollo de una nueva carrera armamentística que ponga en peligro al mundo, en un contexto internacional cada vez más alejado del paradigma liberal que la ONU estableció en 1945 y cada vez más afectado por las desigualdades materiales y la dependencia de los grandes ejes de Estados Unidos y Rusia-China.
No estamos seguros ni cómo ni cuándo se solucionará la acefalía de la “paz” entre Rusia y Estados Unidos, ni qué será de la participación china en un hipotético nuevo acuerdo nuclear. El sistema internacional es impredecible y las posibilidades de cursos de acción son infinitas; pero sí sabemos que es un momento bisagra en la cuestión de la seguridad internacional.
Que el conocimiento no se extinga.