Según los resultados oficiales difundidos el 27 de octubre por el presidente del Tribunal Constitucional, Clément Atangana, Paul Biya obtuvo el 53,7% de los votos, frente al 35,2% alcanzado por su principal opositor, Issa Tchiroma Bakary.
La oposición calificó el proceso como una “farsa electoral” y denunció un fraude generalizado. Tchiroma, líder del Frente de la Alianza Democrática, rechazó los resultados y convocó a la ciudadanía a manifestarse.
“Tengo pruebas de que gané y no voy a aceptar ningún otro resultado”, declaró el opositor, acusando al gobierno de haber manipulado el conteo y controlado los organismos electorales.
En menos de 24 horas, las declaraciones de Tchiroma desataron una ola de indignación nacional. Las primeras manifestaciones surgieron en Douala, capital económica del país, y rápidamente se expandieron a otras ciudades como Yaundé, Garoua, Maroua, Meiganga, Bafang, Bertoua, Kousseri, Yagoua, Kaele y Bafoussam.
Miles de ciudadanos salieron a las calles coreando: “¡Queremos a Tchiroma, queremos a Tchiroma!”, expresando su rechazo a los resultados y su desconfianza hacia las instituciones. La oposición sostiene que el proceso electoral fue manipulado para garantizar la continuidad del presidente Biya.
El gobierno camerunés respondió pidiendo calma y exhortando a la población a esperar “los resultados oficiales con serenidad”. Sin embargo, el llamado no logró frenar las movilizaciones, que continuaron y se tornaron cada vez más violentas.
Las fuerzas de seguridad intervinieron con dureza. Testigos reportaron el uso de camiones hidrantes, gases lacrimógenos y represión física contra los manifestantes. La tensión escaló rápidamente en varias ciudades del país.
Según Tchiroma, al menos 30 personas fueron arrestadas, entre ellas dirigentes políticos y activistas cercanos a la oposición. Fuentes hospitalarias locales confirmaron que cuatro personas murieron durante los enfrentamientos.
Organizaciones de derechos humanos denunciaron la represión desmedida y exigieron al gobierno respeto por la libertad de expresión y de protesta.
Hoy, Camerún atraviesa un momento crítico. La población reclama un cambio de rumbo, mientras el poder político se resiste a ceder. Tras más de cuatro décadas en el poder, Biya enfrenta un creciente descontento social y una profunda crisis de legitimidad.
La incertidumbre domina el panorama. Con las calles tomadas y el clima político en tensión, Camerún se sumerge en uno de los episodios más convulsos de su historia reciente, sin señales claras de diálogo ni apertura democrática.
Que el conocimiento no se extinga.