La noche del viernes 12 de junio dejó una de las noticias más impactantes para la seguridad regional en los últimos años. Mientras se disputaba el encuentro entre Estados Unidos y Paraguay por la Copa del Mundo, el presidente estadounidense Donald Trump anunció que una operación conjunta entre el Comando Sur de Estados Unidos y el gobierno interino de Delcy Rodríguez había terminado con la vida de Héctor Rusthenford Guerrero Flores, más conocido como Niño Guerrero, fundador y principal líder del Tren de Aragua.
La muerte de Guerrero no solo representa un golpe para una de las organizaciones criminales transnacionales más importantes de América Latina. También es un hecho político de relevancia, ya que el operativo fue resultado de una coordinación entre Washington y el chavismo; algo impensado antes del 3 de enero pasado, cuando el gobierno de Trump capturó a Nicolás Maduro.
Trump confirmó la operación a través de un mensaje publicado en Truth Social. Aseguró que el Comando Sur había llevado adelante un “golpe cinético rápido y letal” contra Guerrero y que, como resultado, el Tren de Aragua ya no tendría un refugio seguro en Venezuela ni en ninguna otra parte. Además, destacó la cooperación con las autoridades venezolanas, señalando que ambos gobiernos se encontraban trabajando conjuntamente.
Horas más tarde, el gobierno interino de Delcy Rodríguez confirmó la muerte del líder criminal. Según informó la Agencia Venezolana de Noticias, el operativo se desarrolló en el estado Bolívar mediante una acción combinada entre organismos de seguridad venezolanos y estadounidenses.
Nacido en Maracay, capital del estado de Aragua, Guerrero comenzó a aparecer en expedientes policiales a principios de los años 2000. Su historial incluía acusaciones por homicidio, robo, tráfico de drogas y otros delitos violentos que finalmente lo llevaron a la cárcel de Tocorón, un penal que con el tiempo se transformaría en el principal centro de operaciones del Tren de Aragua.
Lejos de perder influencia tras las rejas, fue precisamente ahí donde construyó su poder. Desde Tocorón logró consolidar una estructura criminal que fue mucho más allá del narcotráfico. Bajo su liderazgo, la organización fue vinculada a extorsiones, secuestros, trata de personas, minería ilegal, lavado de dinero y otras actividades delictivas que terminaron extendiéndose por buena parte del continente.
El Tren de Aragua nació hace más de una década en el estado venezolano de Aragua, vinculado originalmente a grupos que operaban alrededor de obras ferroviarias. Con el paso de los años evolucionó hasta convertirse en una organización criminal con presencia en Colombia, Perú, Chile, Ecuador, Brasil, Panamá y otros países de América Latina.
Diversos especialistas sostienen que el crecimiento de la organización estuvo directamente relacionado con el liderazgo de Guerrero. Lo que comenzó como una estructura local terminó transformándose en una red criminal capaz de operar simultáneamente en distintos países, aprovechando en muchos casos las rutas migratorias venezolanas para expandir su influencia.
Durante los últimos años, el Tren de Aragua fue señalado por distintos gobiernos y organismos de seguridad como responsable de delitos que incluían homicidios, explotación sexual, secuestros, extorsión y narcotráfico. Su crecimiento llevó a que Estados Unidos lo incorpore a la lista de organizaciones criminales transnacionales y posteriormente lo designe como organización terrorista extranjera.
La figura de Niño Guerrero también estuvo rodeada durante años por denuncias sobre presuntos vínculos entre el Tren de Aragua y sectores del chavismo. Aunque esas acusaciones fueron rechazadas reiteradamente por dirigentes chavistas, distintos informes periodísticos y de inteligencia señalaron que la expansión de la organización desde la cárcel de Tocorón hubiese sido imposible de lograr sin la anuencia del gobierno de Chávez primero y del de Maduro, después.
Por eso, la participación del gobierno interino de Delcy Rodríguez en el operativo tiene una relevancia que trasciende la dimensión policial. La muerte de Guerrero simboliza también el final de una etapa en la que el Tren de Aragua llegó a convertirse en uno de los principales desafíos de seguridad para Venezuela y para gran parte de América Latina.
Que el conocimiento no se extinga.