La visita institucional de la presidente de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, originalmente programada del 3 al 12 de mayo, concluyó de forma anticipada. La mandataria anunció su regreso a España tras denunciar un boicot político y una supuesta estrategia de expulsión coordinada entre el Gobierno de Claudia Sheinbaum y el presidente español, Pedro Sánchez. Ayuso justificó su salida alegando una falta de protección y riesgos de seguridad, llegando a describir al país como un “narcoestado” donde la vida está comprometida.
El conflicto central se originó en torno a la gala de los Premios Platino del Cine Iberoamericano. El gobierno de Madrid emitió un comunicado asegurando que la administración mexicana amenazó a los organizadores con cerrar el complejo hotelero si Ayuso asistía al evento. Sin embargo, el Grupo Xcaret, propietario del recinto, desmintió haber recibido tales instrucciones y afirmó que fueron ellos quienes solicitaron retirar la invitación a la presidente para evitar que la gala fuera utilizada como una plataforma política tras sus previas declaraciones. Por su parte, la Secretaría de Gobernación de México sostuvo que el recorrido de la mandataria se desarrolló en un ambiente de “total libertad” y negó cualquier intento de impedir sus actividades.
La agenda de Ayuso estuvo marcada por la reivindicación de la figura de Hernán Cortés. Una misa en la Catedral Metropolitana en homenaje al conquistador fue suspendida por la Arquidiócesis debido a la falta de permisos y a la presencia de manifestantes de pueblos originarios que lo consideraban una provocación. Tras su regreso a España, la presidente madrileña sostuvo ante la Asamblea de Madrid que “México no existió hasta que llegaron los españoles” y calificó de “otra civilización” al período prehispánico.
La respuesta de Claudia Sheinbaum fue directa, calificando la visita de fallida y señalando la contradicción de que Ayuso pasara diez días de “vacaciones” en un país al que critica tan duramente. Sheinbaum defendió la grandeza cultural de México y compartió un edicto del rey Carlos I de 1548 que mencionaba los abusos de Cortés, contrastando esto con la visión de la derecha española y mexicana. Asimismo, la presidente mexicana vinculó el discurso de Ayuso con el racismo y la descriminacion de la ultraderecha.
En el plano interno español, el viaje generó divisiones incluso dentro del Partido Popular, donde algunos dirigentes cuestionaron la duración inusual de la estancia y el homenaje a Cortés en un momento de búsqueda de estabilidad diplomática. Ayuso, no obstante, defendió su gira destacando la importancia de los vínculos económicos, señalando que el 98% de la inversión mexicana en España se concentra en Madrid.
El episodio dejó las relaciones bilaterales en un nuevo punto de tensión ideológica y diplomática, interrumpiendo el período de deshielo que ambas naciones habían iniciado tras años de crisis y poniendo de manifiesto la distancia entre la narrativa de Díaz Ayuso y el reciente reconocimiento del rey Felipe VI sobre los abusos y controversias éticas de la Conquista. De esta manera, la gira no sólo reabre la disputa sobre la interpretación del pasado colonial, sino que también sitúa en el centro del debate los límites de la autonomía de los líderes regionales en la política exterior del Estado.
Que el conocimiento no se extinga.