Durante el Foro anual de Davos, celebrado en la ciudad homónima en Suiza, el primer ministro de Canadá, Mark Carney; pronunció un discurso que busca retratar el contexto internacional actual. En medio de las especulaciones con la anexión de Groenlandia por parte de Estados Unidos, este discurso sirve como muestra del lugar que pueden ocupar los países medianos en un mundo donde las potencias están dispuestas a no respetar las normas del derecho internacional.
El Foro Económico de Davos consiste en una reunión anual que se realiza a mediados de enero en Suiza. Allí, los principales Jefes de Estado y de gobierno del mundo se reunen para exponer las posturas de sus países con respecto al estado global de la economía y su desarrollo. Aunque en Argentina este foro comenzó a despertar la atención de la opinión pública con la llegada al poder de Javier Milei y sus controversiales discursos, este Foro solo capta la atención de los medios de comunicación en contextos muy particulares. Así sucedió en 2022 en la víspera de la invasión de Rusia a Ucrania.
Este año, a raíz de una serie de acontecimientos -el conflicto en Medio Oriente, la guerra en Ucrania, el arresto de Maduro y la crisis en Groenlandia- el evento cobró bastante relevancia ante la opinión pública internacional.
“Si no estamos en la cena, estamos en el menú”, fue una de las frases más resonantes del discurso de Mark Carney, Primer Ministro de Canadá. En el puesto desde principios del año pasado, el jefe de gobierno canadiense tuvo que enfrentarse a los deseos imperialistas de Trump, quien empezó a especular con convertir a Canadá en el Estado número 51 de Estados Unidos. Incluso, un grupo de funcionarios estadounidenses se reunieron con un grupo de ciudadanos de la ciudad canadiense de Alberta con el objetivo de que los Estados Unidos apoyen la separación de esta región.
El premier canadiense consiguió, tal vez sin buscarlo, describir con exactitud la época impredecible que nos toca transitar. Parafraseando a Vaclav Havel, disidente checo y primer Presidente de Chequia, interpeló a los países con poderes medios, a las naciones como Canadá, que no cuentan con los recursos militares de las grandes potencias, a unirse para defender sus valores.
Esta proclama resulta una rara avis en el sistema internacional actual, donde parece que las grandes potencias buscan repartirse el mundo a su antojo y al resto solo le queda obedecer. Resulta más inusual aún que este discurso haya sido pronunciado por un Primer Ministro de Canadá, país que fue un aliado histórico de Estados Unidos y cuyas similitudes culturales son enormes. Pero los tiempos que corren no son nada convencionales y es probable que Groenlandia sea el límite en la relación entre los Estados Unidos y sus aliados occidentales que estos últimos no estarán dispuestos a tolerar.
Parece que el segundo mandato de Trump logrará terminar con el orden internacional basado en reglas. Aunque también es posible que de esta derrota del derecho internacional dará lugar a un orden internacional nuevo, liderado por las potencias intermedias como Canadá y los países europeos.
Que el conocimiento no se extinga.