Bad Bunny encabezó el show de medio tiempo del Super Bowl LX el 8 de febrero en el Levi’s Stadium de Santa Clara con una presentación de 15 minutos centrada en ritmos latinos. Con 128,2 millones de espectadores en EE. UU., el espectáculo derivó en un debate político sobre inmigración que incluyó críticas del presidente Donald Trump y menciones al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).
El artista puertorriqueño abrió el espectáculo con “Tití Me Preguntó” y repasó más de una decena de canciones de distintas etapas de su carrera, entre ellas “Yo Perreo Sola” y “Safaera”, en un set que combinó reggaetón, salsa y música urbana latina. La puesta incluyó apariciones de Lady Gaga y Ricky Martin y una escenografía con referencias a la vida cotidiana de Puerto Rico, puestos de piraguas, palmeras y escenas de barrio, como guiño identitario.
El cierre incorporó un mensaje visual de unidad: mientras nombraba a países de América Latina, Bad Bunny sostuvo un balón con la frase “Together, we are America” (Juntos somos América), y las pantallas proyectaron el lema “The only thing more powerful than hate is love” (Lo único más poderoso que el odio es el amor).
Según cifras oficiales de NBC, la transmisión general del Super Bowl promedió 124,9 millones de espectadores en Estados Unidos, mientras que el show de medio tiempo alcanzó 128,2 millones, ubicándose entre los más vistos de la historia del evento. En las primeras 24 horas, además, acumuló cerca de 4.000 millones de visualizaciones en redes y plataformas digitales.
El espectáculo se convirtió así en uno de los momentos culturales de mayor exposición global del año, con fuerte presencia del español en un escenario tradicionalmente dominado por artistas anglosajones.
En los días previos al partido circularon versiones sobre una eventual presencia de agentes del ICE en el estadio, lo que alimentó el debate público en torno a la política migratoria estadounidense. La NFL aclaró que no había operativos de control migratorio programados para el evento ni para las actividades asociadas a la final.
La discusión se vinculó también con antecedentes del propio Bad Bunny. Semanas antes, durante los premios Grammy, el músico había criticado abiertamente al ICE con consignas como ICE out (ICE afuera) y mensajes de apoyo a comunidades migrantes. Aunque en el Super Bowl no realizó declaraciones explícitas, el tono de la puesta reforzó la lectura política del espectáculo.
La actuación generó una rápida respuesta desde la Casa Blanca. El presidente Donald Trump publicó en su red Truth Social que el show había sido “absolutamente terrible, uno de los peores” y lo caracterizó como una “afrenta a la grandeza de Estados Unidos”, en alusión al predominio del español y a los mensajes de inclusión.
Congresistas republicanos, entre ellos el representante Andy Ogles, solicitaron a la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) una revisión del contenido del espectáculo por presuntas violaciones a normas de transmisión.
En contraste, figuras públicas y dirigentes demócratas celebraron la presentación como un hito de representación cultural. El gobernador de California, Gavin Newsom, declaró ese día Bad Bunny Day en el Estado, y destacó el evento como una muestra de diversidad.
Varios usuarios de redes sociales, como Instagram y X, compartieron impresiones de orgullo cultural y representación, destacaron cómo el uso del español y los símbolos de herencia puertorriqueña y latinoamericana resonaron con audiencias diversas.
Mientras algunos sectores critican la actuación por razones ideológicas, otros celebran la presencia de Bad Bunny como un momento de visibilidad para la cultura latina en un escenario global. El show funcionó como una reivindicación de identidad y como una afirmación de que los latinos son parte integral del tejido social estadounidense.
Que el conocimiento no se extinga.