Tras la caída de Nicolás Maduro a comienzos del 2026, Cuba perdió a uno de sus principales aliados políticos y en materia energética. Estados Unidos aprovechó este hecho para intensificar la campaña de asfixia económica en la isla, utilizando el corte de suministros de petróleo como principal herramienta. Asimismo, Washington amenaza con la imposición de aranceles a cualquier otro gobierno que busque auxiliar energéticamente a La Habana. Luego de que Estados Unidos interviniera Venezuela, haciendo que se alinee a sus intereses, la política exterior estadounidense volvió a enfocarse en Cuba. Se reactivó la histórica estrategia de asfixia total al gobierno cubano, como forma de contención y orientada al cambio de régimen en el país. Sin embargo, la administración de Trump llevó a nuevos niveles la intensidad de la presión energética y económica sobre la isla.
El presidente norteamericano firmó una orden ejecutiva titulada “Haciendo frente a las amenazas del Gobierno de Cuba a Estados Unidos”, que establece una serie de disposiciones. Una de estas es la declaración de las acciones de Cuba como “amenazas inusuales y extraordinarias” para la seguridad nacional y la política exterior estadounidense. Washington acusa a La Habana de promover la desestabilización en la región. Según el documento, esto se debe a que el régimen cubano alberga a adversarios peligrosos de Estados Unidos. Señalan que se encuentran rivales sistémicos como Rusia, China o Irán, así como grupos subversivos tales como Hamás o Hezbolá.
Es por esto que la Casa Blanca autoriza, además de las sanciones a Cuba, penalidades para cualquier Estado que apoye a Cuba. En otras palabras, advierte sobre la imposición de aranceles adicionales a los productos de países que lleguen a comercializar petróleo con Cuba directa o indirectamente. Esto supone un duro golpe a la ya crítica situación energética en la isla. Y es que Cuba requiere aproximadamente cerca de 110 mil barriles de petróleo diarios para su consumo. Sin embargo, apenas produce una cifra alrededor de los 40 mil barriles. Antes, este déficit se cubría con el apoyo de aliados, que ahora se encuentran fuera de la ecuación.
El principal aliado energético y político de Cuba era el régimen chavista de Nicolás Maduro. Diariamente, se enviaban aproximadamente 35 mil barriles diarios a la isla, tanto para consumo como para la reventa en aras de generar divisas. No obstante, luego de la captura de Maduro por fuerzas estadounidenses el 3 de enero, se cortó abruptamente este flujo.
Otro aliado importante que está perdiendo Cuba es el gobierno de México: durante 2025 proveyeron más de 12 mil barriles diarios a La Habana. Sin embargo, tras la amenaza arancelaria de Trump, se experimentó una parálisis casi total de los envíos de crudo a la isla. Ahora, la presidenta de México busca otras vías para enviar ayuda humanitaria a Cuba evitando las represalias comerciales de Estados Unidos. Por otro lado, las grandes potencias aliadas históricas de Cuba condenan la presión ejercida sobre la isla, pero sin tomar medidas sustanciales. Rusia y China declararon expresamente su oposición a la injerencia extranjera y prometen ayudar dentro de sus posibilidades. Pero la realidad evidencia que aún no llevan a cabo acciones concretas para aliviar la crisis en la isla.
En cualquier caso, la falta de combustible empuja a Cuba a una crisis socioeconómica y humanitaria sin precedentes. Expertos de The New York Times, se pronunciaron sobre la gravedad de la crisis actual. La equiparan, o incluso la ven como más grave, que la del "Período Especial" en los años noventa, después del colapso de la Unión Soviética.
Esto se debe a que varios de los servicios básicos de la isla se ven afectados por el déficit energético: esto repercute directamente en la vida diaria de la población, como lo prueban los apagones de 20 horas o la suspensión de rutas de buses y trenes. Asimismo, el acceso a la gasolina, productos agrícolas o medicamentos es altamente complejo, en medio de brotes de enfermedades estacionarias. Además, la crisis energética golpeó gravemente a uno de los motores económicos de Cuba: el turismo. Varias aerolíneas canadienses suspendieron sus operaciones, lo que supone una pérdida de casi el 40% de los turistas de la isla. Se estima que las pérdidas tras el colapso del turismo provocarán un derrumbe del 50% de los ingresos de este sector.
En medio de esta estrategia agresiva de presión estadounidense, afloran esbozos de comunicación entre Washington y La Habana. El gobierno castrista pasó de la resistencia total a abrir oportunidades de diálogo con el gigante norteamericano. Propone reactivar la cooperación áreas técnicas, aunque todavía no se pronuncia abiertamente sobre el levantamiento de los bloqueos. Sin embargo, la administración Trump apunta a más que solo el refuerzo de áreas técnicas de cooperación. Están en la búsqueda de concesiones más profundas, como la apertura de Cuba a empresas privadas estadounidenses y la legalización de partidos políticos de oposición.
Esto lleva a plantear la discusión sobre el futuro del régimen cubano. A diferencia de administraciones anteriores, Trump busca provocar un colapso de gran envergadura que fuerce la salida del poder del castrismo. Y esta estrategia se ve reforzada por el hecho de que ya no existe un “salvavidas externo” para rescatar la economía cubana, como fueron la URSS o Venezuela.
¿Es probable estar frente al colapso definitivo del régimen castrista en Cuba? Ciertamente, se presenta un escenario sui generis nunca antes visto. Sin un benefactor comprometido con Cuba y la presencia agresiva de Trump, el régimen de Díaz-Canel enfrenta sus horas más críticas. Por lo pronto, el tiempo apremia para Cuba, cuyas reservas ya limitadas se reducen más con cada día que pasa.
Que el conocimiento no se extinga.