Un total de 258 millones de niños, niñas y adolescentes en edad escolar ven su educación afectada por crisis humanitarias en 87 países, según la actualización de las estimaciones globales 2026 presentada por Education Cannot Wait (ECW), el fondo mundial de las Naciones Unidas para la educación en situaciones de emergencia. De ese total, 93 millones no asisten a la escuela, mientras que millones más continúan matriculados pero estudian en condiciones precarias que aumentan el riesgo de abandono escolar.
"Breaking Barriers: Understanding Educational Exclusion in Crises" es el informe que revela que la cantidad de niños afectados creció en 21 millones en apenas 18 meses. El aumento responde al impacto combinado de los conflictos armados, los desplazamientos, la indigencia y los desastres asociados al cambio climático. Casi el 80% de los menores afectados que están fuera de la escuela vive en apenas 20 países, considerados los escenarios humanitarios más graves del mundo. En esos territorios residen 182 millones de niños afectados por crisis, de los cuales 74 millones no reciben educación formal.
El acceso a la escuela no es el único problema. Muchos niños permanecen inscriptos, pero estudian sin docentes suficientes en establecimientos dañados o bajo condiciones de inseguridad, provocando déficits de aprendizaje desde los primeros años de escolaridad que con frecuencia derivan en el abandono escolar durante la adolescencia. Los menores desplazados, quienes tienen discapacidad y aquellos que viven en zonas de conflicto prolongado enfrentan barreras mucho mayores para acceder y permanecer en el sistema educativo.
Es destacable que las familias continúan considerando la educación una prioridad, incluso en contextos de guerra o emergencia, donde la mayoría intenta mantener a sus hijos en la escuela hasta que la violencia, la falta de recursos o las condiciones de seguridad se lo impiden. Las Naciones Unidas advirtieron que la reducción del financiamiento internacional agrava la crisis, la ayuda global destinada a la educación en emergencias podría caer 3.200 millones de dólares para 2026, una reducción que amenaza la continuidad de programas educativos para millones de niños y adolescentes.
¿Por qué, en un mundo hiperconectado y con recursos, la educación sigue siendo lo primero que se sacrifica cuando la política falla? Sin un giro radical en el compromiso político y financiero, el sistema educativo no solo está fallando a estos 258 millones de jóvenes, sino que está hipotecando el futuro de la estabilidad global.
Que el conocimiento no se extinga.