La Organización de las Naciones Unidas (ONU) advirtió que el mundo entró en una etapa crítica, en la que los sistemas de agua dulce pierden su capacidad de recuperación. El informe fue presentado en enero de 2026 por el Instituto para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud de la Universidad de las Naciones Unidas, y vincula este escenario con el aumento de la demanda, el impacto del cambio climático y la degradación de fuentes natural
Según el documento, numerosos ríos, acuíferos y ecosistemas superaron su capacidad de regeneración, lo que convierte a la sequía, la escasez y la contaminación en fenómenos crónicos. Esta situación se manifiesta con mayor intensidad en regiones de África, Asia y Medio Oriente, donde la presión sobre los recursos hídricos se combina con condiciones climáticas extremas y crecimiento poblacional acelerado.
Los datos difundidos por organismos del sistema de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), como la UNESCO, UN-Water y UNU-INWEH, reflejan la magnitud global de la crisis hídrica: más de 4.000 millones de personas sufren escasez severa de agua al menos un mes al año, mientras que entre 2.000 y 3.000 millones viven de forma continua en condiciones de carencia. En paralelo, cerca del 75% de la población mundial enfrenta algún nivel de inseguridad hídrica.
El deterioro también es visible en grandes reservas: acuíferos como el Ogallala, el de la Llanura del Norte de China y el Indo-Gangético, y lagos como el Mar de Aral, el Lago Chad y el Lago Mead, registran pérdidas significativas en las últimas décadas, lo que compromete la disponibilidad futura de agua dulce.
Entre las causas principales, la ONU señala la sobreexplotación de los recursos hídricos, la contaminación, el crecimiento demográfico y urbano, y los efectos del cambio climático, que intensifican las sequías y alteran los ciclos naturales. En conjunto, estos factores generan un desajuste estructural entre la oferta disponible y la demanda humana.
Las consecuencias atraviesan múltiples dimensiones: afectan la producción de alimentos, condicionan el acceso al agua potable, impactan en la economía global y pueden derivar en conflictos y migraciones en zonas con escasez. De este modo, la crisis hídrica deja de ser un problema exclusivamente ambiental para consolidarse como un desafío social, económico y geopolítico.
En el marco del Día Mundial del Agua, que se conmemora cada 22 de marzo, la ONU instó a los Estados a implementar políticas de gestión sostenible del agua y a reforzar la cooperación internacional.
El organismo advierte que, sin cambios estructurales en el uso y la administración del recurso, la crisis se profundizará en las próximas décadas, con impactos cada vez más extendidos sobre la población mundial.
Que el conocimiento no se extinga.