La IV Cumbre en Defensa de la Democracia en Barcelona, España, fue nuevamente encabezada por el presidente de Brasil, Lula da Silva, y el presidente español, Pedro Sanchez. Ambos desempeñaron un papel activo durante el encuentro, motivado por incentivos políticos y estratégicos convergentes. Por un lado se encuentra Brasil, que expuso cómo la ola de derecha resurge en América Latina, mientras que España fue una figura progresista destacada en una Europa marcada por el aumento de líderes de derecha extrema.
El objetivo principal fue reunir y formar una alianza global entre líderes progresistas de diversas partes del mundo, quienes se mostraron como una alternativa al ascenso de la derecha. Los diálogos se centraron en temas de relevancia internacional como el papel de las Naciones Unidas, donde la mayoría de los presentes demostraron una postura crítica hacia la organización. El jefe de Estado sudafricano, Cyril Ramaphosa, habló sobre su inacción y la necesidad de reformar el Consejo de Seguridad de la ONU para una mejor representación multilateral. Asimismo, tanto el expresidente de Chile, Gabriel Boric, y el presidente español señalaron la importancia de que la secretaría de la ONU sea liderada por una mujer. Por otro lado, se resaltó la necesidad de regular la tecnología, sobre todo los algoritmos que propagan discursos de odio y desinformación.
Otro acontecimiento importante fue la participación de la presidenta Mexicana, Claudia Sheinbaum, lo que significa un cambio frente a la postura de su antiguo predecesor, Manuel López Obrador, quien tenía fricciones con España. La intervención de Sheinbaum destacó por proponer un mayor diálogo pacífico en lugar de una intervención militar en Cuba. Lula también participó del diálogo para resaltar la importancia de poner fin al bloqueo de Cuba que limita la vida del pueblo cubano. Conjuntamente con Sánchez, se comprometieron a incrementar su respuesta humanitaria en Cuba e incentivaron el respeto al derecho internacional.
Si bien existieron críticas hacia la cumbre progresista, Lula destacó que no es una cumbre anti-Trump, sino que el objetivo es fortalecer la democracia en el mundo. Asimismo, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, señaló que es una cumbre enfocada en ofrecer una alternativa para el mundo. Sin embargo, se hicieron menciones que indirectamente criticaban el reciente accionar estadounidense, tales como que “ningún país debería imponer sus reglas a los demás Estados”, o la crítica hacia declaraciones de guerra y amenazas hechas por presidentes en redes sociales. Por otro lado, Sánchez mencionó que la democracia no debe darse por sentada cuando hoy en día hay una creciente normalización del uso de la fuerza e incumplimiento del derecho internacional.
Que el conocimiento no se extinga.