En años recientes, América del Sur ha oscilado entre gobiernos de izquierda, centro y derecha, sin encontrar estabilidad duradera. Las crisis económicas, sociales y de legitimidad institucional han alimentado extremos ideológicos, debilitando centros políticos y profundizando las divisiones nacionales. Diversos informes y análisis de riesgo político advierten sobre la fragmentación y el debilitamiento de los espacios moderados, lo que aumenta la volatilidad electoral y complica la gobernabilidad regional.
En Bolivia, la elección presidencial de este año marcó un cambio significativo: el candidato centrista Rodrigo Paz ganó la segunda vuelta, poniendo fin a casi dos décadas de gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS). Paz llega con un discurso basado en el pragmatismo económico y la búsqueda de mayores alianzas internacionales; no obstante, su partido no cuenta con mayoría legislativa y deberá gobernar mediante coaliciones. El resultado representa, sin dudas, un desplazamiento hacia el centro-derecha en el mapa político andino, con probables efectos sobre la agenda económica y las relaciones con los socios regionales.
Las recientes elecciones legislativas del pasado 26 de octubre en Argentina, fortalecieron la base parlamentaria del gobierno oficialista. El espacio político del presidente, La Libertad Avanza (LLA), obtuvo un desempeño cercano al 40–41% del voto a nivel nacional, lo que se interpreta como un respaldo y voto de confianza suficiente para darle mayor capacidad de maniobra legislativa en el corto plazo. Ese triunfo se tradujo, además, en una reacción positiva en algunos mercados financieros. Sin embargo, el apoyo no es homogéneo en todo el territorio y persisten tensiones sociales por la situación económica y social.
Chile llega a la elección presidencial de noviembre de 2025 con una competencia marcada por la seguridad, la economía y la migración en la agenda pública. La campaña refleja la polarización entre opciones más reformistas de izquierda y candidaturas de corte conservador o de orden público, lo que puede derivar en un resultado ajustado que replantee los equilibrios institucionales y la capacidad de acuerdos políticos con sus vecinos del Cono Sur.
En Brasil, la aprobación del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva ha mostrado signos de recuperación tras un inicio difícil en 2025, lo que refleja oscilaciones en la percepción pública vinculadas tanto a disputas sobre soberanía económica como al procesamiento reciente del ex presidente Jair Bolsonaro. Este vaivén de eventos refuerza la idea de que el dinamismo político brasileño seguirá siendo un factor determinante para la estabilidad regional.
Del otro lado de la Amazonia, Perú continúa atravesando un periodo de alta volatilidad institucional. El nuevo gabinete solicitó poderes legislativos extraordinarios por 90 días para enfrentar la ola de inseguridad, y el Ejecutivo estableció estados de emergencia en zonas clave, lo que subraya la tensión entre la necesidad de respuestas urgentes y los riesgos de erosión de controles democráticos en la región.
En el norte de la región, Colombia enfrenta desafíos persistentes en su proceso de paz. Aunque están por cumplirse 10 años del Acuerdo de Paz de 2016 con las FARC-EP, informes y operaciones muestran la expansión de grupos armados disidentes y retrocesos en ciertas zonas, además de impactos por recortes de cooperación internacional que complican la implementación de programas de reincorporación y desarrollo rural.
En conjunto, estos tres países representan los principales nudos que afectan hoy la gobernabilidad sudamericana. Brasil aporta peso demográfico y económico con dinámicas políticas cambiantes; Perú encarna la urgencia de medidas de seguridad en un contexto institucional frágil; y Colombia evidencia que la transición a la paz es incompleta y vulnerable a falta de cooperación interna y externa.
Repercusiones regionales
La reconfiguración del mapa político sudamericano, con gobiernos que oscilan entre la izquierda, el centro y la derecha, dificulta la conformación de bloques estables para la integración. Esto se debe a las diferencias en prioridades económicas (ajuste fiscal vs. gasto social), enfoque sobre cambio climático, políticas migratorias y cooperación en seguridad que terminan de condicionar la posibilidad de acuerdos multilaterales robustos y duraderos en el tiempo.
Reflexión final
América del Sur muestra este año una región en movimiento: la polarización y la reordenación ideológica obligan a gobiernos y sociedades a reconstruir consensos públicos y mecanismos de cooperación. El caso boliviano evidencia la capacidad de cambio brusco en los mapas ideológicos; el caso argentino demuestra que, aun en contextos de crisis, amplios segmentos del electorado pueden apostar por la continuidad de un gobierno nacional; y otros países del subcontinente confirman que la región transita un período de alta volatilidad política.
El desafío para Sudamérica será traducir esos reacomodamientos en acuerdos prácticos que permitan gobernabilidad, protección de derechos y respuestas coordinadas a problemas comunes como la crisis económica, la inseguridad y la emergencia climática.
Que el conocimiento no se extinga.