La independencia de Israel significó uno de los hechos geopolíticos más relevantes del siglo XX. No solo implicó la materialización de la autodeterminación del pueblo judío sino que también redefinió todo el equilibrio político en Medio Oriente.
Hace 78 años, un día como hoy nació el Estado de Israel que, en palabras de Theodor Herzl, no surgía de la nada. Sino de una historia milenaria de identidad, memoria y vínculo con su tierra. Así fue como un 14 de mayo de 1948, según el calendario gregoriano, en Tel Aviv, David Ben Gurión proclamó la independencia del Estado de Israel, dando origen a un nuevo Estado soberano judio tras siglos de diáspora.
El nacimiento no fue un hecho aislado, sino que conllevó un largo proceso político impulsado por el movimiento sionista desde fines del siglo XIX. Sin embargo, bajo el liderazgo de Herzl sumado al trabajo institucional de la Agencia Judía se formaron las bases diplomáticas y demográficas que llevaron a hacer posible la independencia. La decisión de la ONU de aprobar la partición del territorio en 1947 terminó de legitimar en el plano internacional una aspiración que ya estaba consolidada en el terreno.
Aun así, todo el proceso de negociaciones y conflictos, no puede entenderse sin mirar el contexto internacional de ese entonces. La Segunda Guerra Mundial había dejado un escenario completamente transformado y el impacto de la Shoá no solo había dejado al descubierto la vulnerabilidad del pueblo judío en la diáspora, sino que también le dio urgencia al proyecto de un Estado propio.
En este escenario, el imperio británico, que controlaba parte de la zona de Medio Oriente, estaba en retirada y el orden colonial empezaba a desmoronarse, por lo que había un vacío de poder. Por lo tanto, se dio lugar a la intervención de las Naciones Unidas para llegar a un acuerdo.
La aprobación del plan de partición de la Organización de las Naciones Unidas, que proponía la creación de dos Estados, fue aceptada por el liderazgo judío, pero rechazada por el liderazgo árabe palestino de ese entonces. Sin embargo, esto derivó en un enfrentamiento inmediato que se profundizó cada vez más luego de la declaración de la independencia hasta nuestros días, comenzando con la guerra árabe - israelí de 1948. Es por ello que el Estado de Israel, no solo se proclamó como tal, sino que desde sus inicios enfrentó conflictos para sostener su existencia.
De hecho, muchos miembros que debían estar al momento de la firma de la independencia no pudieron llegar ni estar a tiempo debido a la guerra en curso, por eso el documento tiene firmas y espacios agregados posteriormente.
Para Israel como Estado soberano la independencia es considerada central en la construcción de su legitimidad. La materialización del derecho a la autodeterminación del pueblo judío y la construcción de un proyecto colectivo que combina memoria histórica, seguridad y desarrollo.
De esta manera, en tan pocos años Israel logró no solo consolidar su existencia frente a un entorno regional complejo, sino que también desarrolló una economía con fuerte desarrollo en sectores tecnológicos y una creciente proyección internacional.
Aun así, más allá de que hasta hoy en día haya cuestionamientos hacia su existencia, el Estado fue reconocido internacionalmente tras su creación, en el marco de las resoluciones de las Naciones Unidas. Israel sostiene su derecho manifiesto a constituirse como nación.
Que el conocimiento no se extinga.