Desde 2001, cada 20 de junio se conmemora el Día Mundial del Refugiado. En la actualidad, 117 millones de personas se vieron obligadas a abandonar sus hogares por conflictos armados, persecuciones y otras formas de violencia, convirtiendo esta problemática en uno de los principales desafíos humanitarios del sistema internacional.
Las guerras mundiales provocaron el desplazamiento forzado de millones de personas, lo que impulsó a la comunidad internacional a desarrollar mecanismos de protección para quienes abandonaron sus países. Como resultado, la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 estableció la definición jurídica de refugiado, donde se entiende por tal a toda persona que se encuentra fuera de su país debido a fundados temores de persecución por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas.
Creado por la Asamblea General de la ONU en 1950, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) se encarga de proteger y salvaguardar los derechos de las personas que se ven obligadas a huir de sus países por conflictos o persecuciones, incluidas aquellas que quedan en situación de apatridia.
El ACNUR opera en 136 países otorgando albergue, alimento, agua y atención médica para aquellas personas vulneradas en este contexto. El organismo especializado defiende el derecho para que aquellos que se encuentran en esta situación puedan conseguir un hogar y reconstruir sus vidas.
Según la organización en la actualidad hay alrededor de 42.5 millones de refugiados, 67.8 millones de personas que debieron desplazarse dentro de las fronteras de sus países y 8.42 millones de personas solicitantes de asilo. Algunos de los casos más críticos de los últimos años provienen de Sudán, Siria, Afganistán y Ucrania.
Una de las mayores crisis de desplazamiento forzado de la actualidad tiene lugar en Sudán, ubicado al noroeste de África, donde alrededor de 13,4 millones de personas son refugiados, solicitantes de asilo o desplazamientos internos. La mayoría son mujeres o niños en situación de desnutrición. Desde el inicio de la guerra en 2023 millones de sudaneses fueron obligados a abandonar sus hogares, lo que convirtió al país en el epicentro de una de las emergencias humanitarias más graves del mundo.
La crisis de refugiados en Siria tuvo su auge en 2011 con el estallido de la guerra civil. Como resultado, millones de personas se vieron obligadas a abandonar sus hogares debido a los enfrentamientos armados, la violencia política y el deterioro económico. Según el Alto Comisionado actualmente hay alrededor de 6.5 millones de desplazados internos y más de 4.3 millones de refugiados sirios que se encuentran en países vecinos como Turquía, Líbano, Jordania, Irak y Egipto.
En el caso de Afganistán, a partir del regreso de los talibanes al poder en 2021 muchas personas comenzaron a huir del país por temor a las persecuciones y violaciones a los derechos humanos. A nivel mundial hay alrededor de 6 millones de refugiados afganos: 2.2 millones solo en Irán y Pakistán, y otros 3.5 millones en situación de desplazamiento interno. No obstante, en el último tiempo, los afganos sufrieron deportaciones masivas por parte de sus países vecinos. Más de 1.6 millones de afganos fueron obligados a volver a su país. Esta realidad representa un riesgo particular para las niñas y mujeres afganas, que viven en un contexto de profunda vulnerabilidad y limitación de derechos básicos.
En estos casos ACNUR se encarga de brindar asistencia y apoyo en áreas como salud mental, seguridad, vivienda y ayuda económica. Sin embargo, no se logran cubrir las necesidades básicas debido a la masividad de los desplazamientos masivos. En Sudán, por ejemplo, las personas desplazadas reciben en promedio 5 litros de agua por día, una cantidad muy inferior a los 15-20 litros diarios considerados necesarios para garantizar condiciones mínimas de higiene y consumo.
Si bien organismos como ACNUR brindan asistencia humanitaria en todas estas crisis, la protección también depende de las decisiones que adopten los Estados receptores. Por ejemplo, los países europeos suelen endurecer los controles fronterizos frente a los flujos migratorios provenientes de estos países. No obstante, la respuesta internacional frente a la crisis generada por la guerra ruso-ucraniana fue distinta; la rápida apertura de fronteras europeas y los mecanismos de protección implementados para los ucranianos contrastaron con las respuestas más restrictivas observadas en otras crisis de refugiados recientes.
La guerra ruso-ucraniana a inicios de 2022 provocó el mayor desplazamiento humano en Europa en décadas; forzó a millones de personas a abandonar sus hogares en busca de una nueva vida lejos del conflicto. Según datos del ACNUR hay 6.8 millones de refugiados y solicitantes de asilo ucranianos, como también aproximadamente 3.6 millones que se desplazaron dentro de las fronteras ucranianas.
La mayoría de los refugiados se concentró en países europeos como Alemania, Polonia, República Checa y España. En este caso la respuesta internacional fue veloz; por primera vez la Unión Europea activó en marzo de 2022 la Directiva de Protección Temporal lo que permitió a los ucranianos residir, trabajar y acceder a servicios básicos en los países miembros, evitando el proceso de asilo. Asimismo, el bloque decidió sancionar a Rusia en materia económica y cuestiones individuales como la suspensión de la facilitación del visado. ACNUR también se encargó de cooperar en áreas como alojamiento, alimentación, salud, apoyo legal y educación.
Si bien todos los refugiados deben ser protegidos por el derecho internacional, el rápido apoyo político, financiero, humanitario, militar y diplomático brindado a Ucrania contrasta con la respuesta internacional frente a los conflictos de Sudán, Siria y Afganistán. Organismos como ACNUR, Human Rights Watch y Amnistía Internacional señalaron que la asistencia ofrecida a los desplazados ucranianos dejó en claro las diferencias en la protección internacional de las personas refugiadas. Mientras que la respuesta internacional frente a la emergencia ucraniana fue rápida y amplia, las situaciones de refugiados en Oriente y el noroeste africano enfrentaron procesos más restrictivos y un mayor rechazo, asociados en muchos casos a cuestiones culturales o religiosas.
El Día Mundial del Refugiado invita a reflexionar sobre la necesidad de fortalecer los mecanismos de protección y asistencia para quienes se ven obligados a abandonar sus hogares. Esta fecha también recuerda la importancia de garantizar que toda persona pueda ejercer su derecho a buscar protección, independientemente de su nacionalidad o del conflicto que originó su desplazamiento.
Que el conocimiento no se extinga.