Desde el bajo presupuesto en universidades hasta los constantes ataques a la prensa, desde la propagación de teorías conspirativas por parte de funcionarios públicos a la prohibición de libros en Estados Unidos, un fantasma recorre nuestro presente: el antiintelectualismo. Lejos de ser un fenómeno propio de la extrema derecha, la llamada pose antiintelectual se esparce actualmente por todo el espectro político.
El 23 de abril de 2024 se celebró la Marcha Federal Universitaria en reclamo por los recortes presupuestarios llevados a cabo por el gobierno de Javier Milei. Cómo símbolo de la manifestación, se propuso a los asistentes llevar libros como muestra del poder del conocimiento frente a los ataques del gobierno a la educación superior.
En el programa en el canal de streaming Blender, el analista político cercano al peronismo, Tomás Rebord, se burló de la propuesta de asistir con libros a la marcha, dando a entender que podría considerarse una medida elitista.
Este ejemplo en particular grafica en gran parte lo profundo que ha calado la pose antiintelectual en la opinión pública en Argentina. El hecho de que está postura haya sido tomada de esa forma por un analista cercano al peronismo demuestra que este fenómeno no se circunscribe a Milei, los libertarios y la extrema derecha, sino que se ha expandido por todo el espectro político desde la victoria de Javier Milei en el ballotage de noviembre de 2023.
Sin poder procesar su derrota, el peronismo comenzó a buscar de forma desesperada chivos expiatorios que explicarán los motivos de su salida del poder en manos de una fuerza política sin estructura ni territorialidad como La Libertad Avanza. De esta forma, se culpó al feminismo, se esgrimió el famoso "se pasaron tres pueblos" a la comunidad LGBTQ+, en definitiva a gran parte del progresismo.
Pero el hecho de que una gran parte de los votantes libertarios provinieran de zonas alejadas de los centros urbanos y más cercanas a las periferias rurales del interior del país descolocó al peronismo. Al analizar los datos, muchos trabajadores de medianos y bajos ingresos habían votado por Milei.
El por qué estos electores se decantaron por La Libertad Avanza, cuando la lógica indicaría que deberían haber votado por el peronismo, llevó a los dirigentes justicialistas a afirmar que su partido se había alejado del ciudadano común, priorizando la formación de un gobierno de científicos (Alberto Fernández dixit).
Así fue como comenzó a gestarse un rechazo hacia los académicos, los profesores universitarios y los escritores que demostraban la incapacidad del justicialismo de entender su derrota mediante la selección de chivos expiatorios que eximiera de responsabilidad a los referentes económicos del peronismo.
Es en este contexto local e internacional que Javier Milei decide iniciar su cruzada contra la educación superior en la República Argentina. Este sector social compuesto por profesionales destacados en varios campos de conocimiento, ha sido un blanco recurrente de los ataques del Presidente. Parásitos, ratas, que investigan cosas inútiles en una economía de mercado, son algunos de los insultos que recibieron. Calificar la labor de científicos y académicos como elitista y reservada a unos pocos sobre escolarizados contribuye a la narrativa antiintelectual del mileismo.
Pero este fenómeno está lejos de ser exclusivamente argentino. Desde el comienzo de la segunda Administración Trump, los proyectos de censura de libros de actores tan destacados como Gabriel García Márquez han ido en aumento. Los ataques a las universidades más prestigiosas de ese país, e incluso del mundo, ha llevado a muchos profesores a replantearse su futuro en el país.
A juzgar por los acontecimientos recientes, el futuro parece sombrío. Es cada vez más evidente que poco a poco nos estamos adentrando en una distopía marcada por la falta de curiosidad y lectura en un presente donde los estímulos intelectuales están casi al alcance de la mano.
Revalorizar a las universidades y su invaluable producción de conocimiento para evitar un futuro similar a Fahrenheit 451, la obra maestra de la ciencia ficción de Ray Bradbury que supo describir un mundo sin libros, ni universidades. Sería muy tremendista afirmar que este sería el futuro soñado para Milei y Trump, pero está claro que para muchos de sus aliados un futuro sin acceso a la lectura es deseable, incluso si los afecta a ellos también.
Para no caer en la trampa antiintelectualista de Milei resulta fundamental revalorizar el papel de las bibliotecas populares y las escuelas de alfabetización en las clases populares a lo largo de todo el siglo. Una revolución del conocimiento de masas es la gran herramienta para frenar a los líderes que buscan la ignorancia.
Que el conocimiento no se extinga.