El equilibrio político de Venezuela siempre ha dado de qué hablar, pero actualmente se encuentra en un escenario poco pensado hace muchos años. La detención del presidente venezolano sitúa la política nacional en una nueva fase de incertidumbre. El operativo, llevado a cabo durante la madrugada del sábado en Caracas, no derivó en un cambio inmediato de gobierno, pero abrió un escenario de transición aún sin un rumbo definido.
Este nuevo escenario no puso fin al régimen histórico, ya que el aparato estatal continúa funcionando bajo la conducción de las autoridades vigentes. La vicepresidenta Delcy Rodríguez quedó al frente del Ejecutivo, respaldada por los principales referentes del oficialismo como el ministro del Interior Diosdado Cabello y por la estructura de las fuerzas armadas. En este contexto, el gobierno busca sostener el control institucional y garantizar el funcionamiento del Estado en medio de un panorama político alterado.
En paralelo, comenzaron a delinearse distintos horizontes sobre el futuro del país. Uno de ellos contempla la continuidad del actual esquema de poder, con ajustes internos orientados a preservar la gobernabilidad y contener posibles focos de conflicto social. Otra posibilidad es la apertura de un proceso de transición política, con eventuales negociaciones entre sectores del oficialismo, la oposición y actores internacionales.
Las dos caras de Venezuela, Estados Unidos busca estabilizar la región, mientras que el oficialismo resiste en el poder.
Desde los Estados Unidos la visión es totalmente distinta, y es un punto central en esta etapa. Tras el operativo, el presidente Donald Trump afirmó que Estados Unidos mantendrá su involucramiento en Venezuela hasta que se pueda llevar a cabo “una transición segura, apropiada y juiciosa”. La declaración sugiere un rol activo de la administración estadounidense en el período posterior a la detención y plantea interrogantes sobre el alcance y la duración de esa participación.
Sin embargo, la postura adoptada por Washington no es tan sorpresiva. La implicancia de los Estados Unidos en procesos de transición política en diferentes regiones del mundo tiene antecedentes recurrentes: desde intervenciones directas hasta esquemas de tutela política posteriores a cambios de régimen, como sucede con Venezuela. Casos como Panamá en 1989, Irak tras la caída de Saddam Hussein o Afganistán luego de la invasión de 2001 forman parte de una lógica en la que Estados Unidos asumió un rol activo bajo el argumento de garantizar estabilidad y condiciones para una transición institucional.
En el caso venezolano, el factor energético aparece como una variable central. Venezuela posee una de las mayores reservas de petróleo del mundo y su prolongada crisis política y económica tuvo impacto en la producción, en los flujos comerciales y en el equilibrio energético regional. La estabilidad institucional del país, en ese marco, no es observada únicamente desde una perspectiva política, sino también estratégica.
El involucramiento estadounidense en esta etapa combina así dimensiones políticas, geopolíticas y económicas. La transición aparece planteada como un proceso condicionado tanto por la capacidad de los actores internos para reorganizar el poder como por los intereses externos en garantizar previsibilidad institucional en un país clave de la región
La sociedad venezolana reaccionó de manera dispar ante los acontecimientos. Mientras algunos sectores interpretaron la detención como una oportunidad para un cambio político, otros expresaron su rechazo a lo que consideran una intervención extranjera. Esta división social se mantiene como una variable relevante en el desarrollo de los próximos acontecimientos.
A nivel internacional, el escenario también permanece abierto. La continuidad de la implicación estadounidense y la eventual apertura de un proceso de transición política serán seguidas de cerca por los gobiernos de la región y por los organismos multilaterales.
Presidentes como Javier Milei, Nayib Bukele y Daniel Noboa expresaron su respaldo al accionar de los Estados Unidos, mientras que mandatarios como Gustavo Petro, Gabriel Boric y Luiz Inácio Lula da Silva manifestaron su rechazo, calificando el operativo como una violación a la soberanía venezolana. Rusia y China también cuestionaron la intervención, mientras que organismos internacionales llamaron a la calma y al respeto del derecho internacional.
Por el momento, el futuro político de Venezuela continúa indefinido. La detención de Maduro alteró el status quo, pero las condiciones de una transición, su alcance y sus tiempos aún no han sido establecidos.
Que el conocimiento no se extinga.