La mutilación genital femenina (MFG) persiste en 30 países y, según organismos de Naciones Unidas, ya afectó a más de 230 millones de niñas y mujeres. Solo en 2026, alrededor de 4,5 millones jóvenes podrían ser sometidas al procedimiento, muchas de ellas antes de los cinco años.
La mutilación genital femenina consiste en la extirpación parcial o total de los genitales externos por motivos no médicos. No aporta ningún beneficio para la salud y está considerada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF como una violación de los derechos humanos, de la integridad física y de la autonomía de niñas y mujeres.
La práctica se concentra principalmente en países de África subsahariana, Medio Oriente y algunas regiones de Asia; con tasas especialmente altas en Somalia,Guinea, Djibouti, Mali y Egipto, donde en ciertos casos más del 90% de las mujeres adultas fueron mutiladas durante la infancia. También se registran casos en comunidades migrantes en Reino Unido y Estados Unidos.
Según UNICEF, en Burkina Faso más de 1.000 comunidades ya declararon públicamente el abandono de la práctica, como parte de campañas de sensibilización y trabajo con autoridades locales. - UNICEF / FrankDejongh
Aunque las edades varían según la región, la mayoría de las intervenciones se realizan entre la niñez temprana y la adolescencia , a menudo sin anestesia y en condiciones precarias. Existen distintos tipos de procedimientos: desde cortes parciales hasta la infibulación, la forma más severa, que implica la reducción casi total de la abertura vaginal. Las consecuencias pueden incluir hemorragias, infecciones, dolor crónico, complicaciones en el parto, problemas urinarios y secuelas psicológicas duraderas.
Lejos de tratarse de un problema sanitario, los organismos internacionales coinciden en que es una práctica social y cultural. En muchas comunidades se la presenta como un rito de paso, una garantía de “pureza” o un requisito para el matrimonio. La presión colectiva —familias, líderes locales y tradiciones— sostiene su continuidad incluso donde está prohibida por ley. En los últimos años, además, creció la preocupación por la “medicalización”, cuando personal de salud realiza la mutilación bajo la falsa idea de que sí sería más segura.
La eliminación de la mutilación genital femenina forma parte del Objetivo de Desarrollo Sostenible 5.3 de la Agenda 2030, que busca erradicar todas las prácticas nocivas contra niñas y mujeres. Sin embargo, agencias de la ONU advierten que, al ritmo actual, los avances no serán suficientes para cumplir esa meta en esta década, por lo que reclaman reforzar políticas de prevención, educación comunitaria y protección legal.
Que el conocimiento no se extinga.