Cada cinco años aproximadamente, las familias van al cementerio de su pueblo y abren las tumbas de sus familiares y ancestros, los sacan, envuelven sus restos en telas nuevas y bailan con ellos al ritmo de la música. Pese a lo macabro que pueda parecer para la cultura occidental, esto no es un acto de duelo sino una celebración.
La Famadihana, cuyo nombre en el idioma nativo puede traducirse como "el giro de los huesos" o "el regreso de los muertos". Es una tradición funeraria del pueblo Merina, el grupo étnico más numeroso del altiplano malgache. Sus orígenes se remontan al siglo XVII, y algunos investigadores la vinculan con prácticas de funeral doble presentes en el sudeste asiático, de donde parte de la población de Madagascar tiene ascendencia.
El ritual parte de una creencia central en la que los espíritus de los muertos no alcanzan el mundo de los ancestros hasta que el cuerpo se descompone por completo, un proceso que puede tomar muchos años. Por lo cual, mientras pasa ese tiempo los muertos se consideran una parte activa de la familia. Son considerados los miembros más importantes, llamados Razana, y actúan como intermediarios entre los vivos y los dioses; por lo que se cree que tienen el poder de influir directamente en la vida cotidiana de sus descendientes.
La preparación del evento puede llevar años. Las familias dispersas por distintas regiones del país reciben aviso con suficiente anticipación para reunirse: la ceremonia se considera más importante que una boda o incluso que el funeral original. El acontecimiento tiene lugar entre los meses de junio y octubre, durante la temporada seca. El día de la ceremonia, los restos son exhumados de la cripta familiar, limpiados con cuidado y vestidos con ropa nueva. Después son colocados sobre los hombros de los familiares, que los cargan en procesión alrededor de la tumba mientras bailan. No hay lugar para la tristeza. Los vivos tocan los cuerpos de sus muertos, les hablan, comparten con ellos alimentos y bebidas. Las telas utilizadas para envolver a los difuntos se consideran portadoras de poder fecundante y son posteriormente repartidas entre las mujeres de la familia con mucho cuidado.
La Famadihana reúne a ramas familiares que de otro modo podrían no verse en años y por eso es tan importante. Pero con la llegada de misiones evangélicas a la isla se ha desalentado su realización en comunidades que adoptaron el protestantismo. En 2017, el gobierno prohibió temporalmente la celebración debido a un brote de peste bubónica y neumónica, vinculado en parte al contacto con restos humanos. La prohibición fue luego levantada, pero el debate y las dudas de si es correcto continúan. Hoy subsiste principalmente en aldeas del centro y sur de la isla.
Que el conocimiento no se extinga.