El 26 de septiembre de cada año se conmemora el Día Internacional para la Eliminación Total de las Armas Nucleares, una fecha establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas mediante la Resolución 68/32, aprobada el 5 de diciembre de 2013. Esta jornada tiene como propósito fundamental promover la conciencia pública y la educación respecto de la amenaza que representan las armas nucleares para la humanidad, así como movilizar esfuerzos internacionales para alcanzar el objetivo común de un mundo libre de los artefactos de destrucción masiva. La resolución fue adoptada con 137 votos a favor, 28 en contra y 20 abstenciones, lo que refleja tanto el amplio respaldo internacional a la causa como las profundas divisiones que persisten en torno al desarme nuclear.
La relevancia histórica de esta conmemoración se remonta a los orígenes mismos de las Naciones Unidas. El desarme nuclear fue el tema de la primera resolución aprobada por la Asamblea General en 1946, y ha formado parte de su agenda de manera continua desde 1959. A lo largo de las décadas, este objetivo contó con el apoyo de todos los secretarios generales de la ONU y fue una cuestión destacada en las Conferencias de Examen del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP) celebradas desde 1975. La fecha del 26 de septiembre fue elegida simbólicamente para conmemorar la primera reunión de la Asamblea General dedicada al desarme nuclear, celebrada en 1946, y para renovar anualmente el compromiso de la comunidad internacional con la eliminación completa de este tipo de armamento.
En el contexto actual de 2026, la conmemoración de este Día adquiere una urgencia particular. El Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, ha advertido que nos enfrentamos a una realidad cruda: la amenaza de una catástrofe nuclear es inmediata y creciente. Las tensiones geopolíticas, la desconfianza mutua y la modernización de los arsenales nucleares proyectan una sombra peligrosa sobre el futuro común de la humanidad. Según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), en enero de 2026 el inventario mundial ascendía a aproximadamente 12.187 ojivas nucleares, de las cuales unas 9.745 se encontraban en arsenales militares para su uso potencial, y entre 2.100 y 2.200 estaban desplegadas en misiles balísticos en estado de alta alerta operativa. Los nueve Estados poseedores de armas nucleares continuaron sus programas de modernización durante 2025, y la mayoría desplegó nuevos sistemas de armas nucleares o con capacidad nuclear, revirtiendo décadas de esfuerzos para reducir su número y su papel.
El panorama de los tratados internacionales refleja tanto avances como retrocesos significativos. El Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPAN), que entró en vigor en 2021, continúa ganando adhesiones: al 9 de julio de 2026, 95 Estados lo habían firmado, 70 lo habían ratificado y 5 se habían adherido a él. Sin embargo, ninguna de las potencias nucleares reconocidas ha suscrito este instrumento, lo que limita su alcance práctico. Paralelamente, la Conferencia de Examen del TNP de 2026, celebrada en Nueva York entre el 27 de abril y el 22 de mayo, concluyó sin un documento final ni un plan de desarme, evidenciando la parálisis del multilateralismo en esta materia. Un hecho particularmente preocupante es que el Nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (New START) expiró en febrero de 2026, dejando al mundo sin ningún acuerdo jurídicamente vinculante y verificable entre las potencias nucleares sobre la limitación de sus arsenales. A esto se suma que el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (CTBT), abierto a la firma hace tres décadas, aún no entró en vigor porque Estados clave como Estados Unidos, China e Irán no lo ratificaron.
La relevancia trasciende la mera conmemoración. En un mundo donde el Reloj del Juicio Final (símbolo de la probabilidad de una catástrofe global) se mantiene peligrosamente cerca de la medianoche, y donde los conflictos en diversos teatros de operaciones se desarrollan bajo la sombra de las armas nucleares, la necesidad de retomar el camino del desarme es más acuciante que nunca. La única forma de eliminar el peligro nuclear es eliminar las armas nucleares.
Esta fecha invita a reflexionar sobre la responsabilidad colectiva de construir un futuro donde la seguridad no dependa de la capacidad de destrucción, sino del diálogo, la diplomacia y el respeto al derecho internacional
Que el conocimiento no se extinga.