Las armas nucleares ocupan un lugar central en las discusiones sobre seguridad internacional actual al ser las armas más destructivas del mundo. En cuestión de segundos, pueden causar la muerte de millones de personas, generar daños irreversibles al medio ambiente y alterar la vida de generaciones futuras. Tensiones actuales como: Rusia-Ucrania, Estados Unidos-Irán, Israel-Palestina y China-Estados Unidos, son parte de los debates sobre la fabricación, posesión, posible uso y modernización de las armas nucleares en los conflictos contemporáneos.
El Tratado de No Proliferación Nuclear, conocido como TNP y adoptado en 1968, reconoce a Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia como las cinco potencias nucleares. Estos mismos estados son los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. El número de miembros del TNP creció hasta convertirse en un tratado prácticamente universal: sólo India, Israel y Pakistán han permanecido fuera del TNP. Además, si bien Corea del Norte inicialmente formó parte del tratado, se decidió retirar en 2003. Eso significa que hay un total de nueve países que actualmente poseen armas nucleares y que, consecuentemente, representan un peligro para la seguridad internacional.
El único uso documentado de armas nucleares ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial; cuando Estados Unidos lanzó bombas atómicas a las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945. Desde entonces, estas armas son un poder que no se usa. Pero si las armas nucleares no son usadas, ¿por qué siguen existiendo y por qué los países siguen financiando su producción? La respuesta es clara: la posesión de armas nucleares sirve como una estrategia para los gobiernos y brinda un mensaje a la comunidad internacional. El factor disuasivo o de amenaza se basa en que un Estado nuclear, contando con la capacidad de ocasionar un daño devastador dentro de un conflicto, reduce la probabilidad de un ataque o de una guerra por el mero hecho de poseer un arma nuclear. Además, en escenarios donde los involucrados sean parte de los nueve países nuclearmente armados, existe una capacidad de respuesta que garantiza una destrucción mutua.
Generalmente el uso del armamento nuclear se considera entonces como un último recurso ante amenazas hacia la seguridad nacional de los Estados, justamente por la magnitud de sus efectos. Más que un uso, las armas nucleares son entonces factores que influencian decisiones políticas dentro de los conflictos internacionales, actuando e impactando de manera silenciosa en la agenda de seguridad internacional sin ser utilizadas.
Que el conocimiento no se extinga.